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En una mina todo está conectado, y la información también
Pozas, vías, subestaciones y bermas son una sola cadena operativa. Cómo el LiDAR, la fotogrametría y la topografía ayudan a mantenerla bajo control.
La consulta casi nunca llega como “necesitamos un levantamiento”. Llega como un problema concreto: hay que revisar la capacidad de una poza, verificar si una vía quedó con la sección y el bombeo que decía el diseño, o entender por qué el agua se está acumulando donde antes no lo hacía. Recién cuando conversamos con el equipo de planeamiento o de operaciones aparece la pregunta real, que es qué información existe, de qué fecha es y hasta dónde se le puede exigir. Casi siempre esa es la parte más interesante de la reunión.
Y es interesante porque en una operación minera nada está aislado. Detrás de la extracción de mineral hay una red de infraestructura que sostiene todo lo demás: vías de acceso y de acarreo, sistemas de drenaje, pozas, tuberías, subestaciones eléctricas, zonas de almacenamiento, áreas de abastecimiento de combustible, bermas de seguridad y áreas operativas que cambian de forma casi todas las semanas. Esa red se gestiona con información, y la información también tiene que estar conectada.
El agua de drenaje explica bien el problema
Tomemos un ejemplo que se ve en casi cualquier operación. El agua de drenaje se capta y se conduce hacia pozas de sedimentación, donde recibe el tratamiento correspondiente. Después vuelve a la operación: riego de vías para control de polvo, abastecimiento de equipos, perforadoras. Ese circuito depende de cotas, pendientes, secciones de canal y volúmenes disponibles, es decir, de geometría. Si la geometría real dejó de parecerse a la del plano, el circuito empieza a fallar antes de que alguien lo note en una reunión.
Lo mismo pasa con el resto de los elementos. Una subestación eléctrica, una vía de acceso, una zona de abastecimiento de combustible o una berma de seguridad cumplen un papel puntual, pero están amarrados a la misma cadena operativa. Si uno falla, el efecto se propaga: un acceso que se corta cambia el ciclo de acarreo, una poza que se colmata obliga a mover agua de otra parte, un talud que se descarga fuera de diseño obliga a rediseñar la berma que estaba arriba. Es ahí donde la información precisa deja de ser un entregable y pasa a ser parte de la gestión del proyecto.
Lo que capturamos y en qué se convierte
Trabajamos con LiDAR aerotransportado, fotogrametría, topografía y geomática, y en la práctica casi nunca se usa una sola de esas herramientas. El LiDAR es un sensor que mide distancias con pulsos láser, así que devuelve directamente la forma del terreno; la fotogrametría reconstruye ese mismo terreno a partir de fotografías traslapadas y aporta el color y la interpretación visual; la topografía en campo aporta los puntos de control que amarran todo a un sistema de coordenadas conocido. De esa combinación salen los entregables que después se usan en oficina.
- Levantamiento de grandes extensiones de terreno con una precisión acorde al entregable acordado.
- Nubes de puntos RGB y nubes clasificadas, es decir, separadas por tipo de elemento: terreno, vegetación, estructuras.
- Modelos digitales de terreno (MDT) y de superficie (MDS).
- Cartografía digital y modelos tridimensionales de las áreas operativas.
- Apoyo al monitoreo de infraestructura, vías, depósitos, pozas y frentes de trabajo.
La diferencia entre MDT y MDS parece un detalle de nomenclatura y no lo es. Es lo primero que conviene definir, porque cada uno responde preguntas distintas y pedir el equivocado obliga a reprocesar.
| MDT | MDS | |
|---|---|---|
| Qué representa | El terreno desnudo, sin vegetación ni estructuras | Todo lo que el sensor vio por encima, tal como está |
| Para qué se usa | Diseño de vías y drenajes, cálculo de movimiento de tierras, hidráulica | Verificación de infraestructura, interferencias, alturas de estructuras y stocks |
| De dónde sale | De la nube clasificada, filtrando lo que no es suelo | De la superficie superior de la nube |
Ninguna de las técnicas resuelve todo sola
Vale decirlo con claridad, porque es la parte que se suele omitir. La fotogrametría rinde muy bien en terreno abierto y da un producto visual que cualquiera en la operación puede leer, pero se complica donde hay vegetación densa, donde la superficie es uniforme sin textura o donde hay agua, y ahí el modelo se vuelve poco confiable. El LiDAR atraviesa mejor la cobertura vegetal y entrega el terreno con mayor consistencia, pero implica más logística de vuelo y de procesamiento. La topografía convencional sigue siendo la referencia en precisión puntual y en control, y a la vez es la más lenta cuando lo que hay que cubrir son miles de hectáreas que además siguen cambiando.
Por eso la conversación útil no es “LiDAR o fotogrametría”, sino qué decisión se va a tomar con el dato. Si el objetivo es controlar volúmenes en un depósito, el criterio es uno; si es revisar interferencias de tuberías y subestaciones, es otro; si es levantar una cuenca para entender por dónde corre el agua en época de lluvias, es otro más. Definir eso al inicio evita el escenario más caro de todos, que es volver a movilizar equipo a la operación por un entregable que no servía.
La seguridad no es un anexo del levantamiento
Entrar a una operación minera a levantar información significa trabajar dentro de una operación que no se detiene. Hay vías con tráfico de equipo pesado, frentes activos, áreas restringidas y procedimientos propios de cada unidad. Contamos con la cultura de seguridad requerida para los trabajos en el sector minero, y eso en campo se traduce en algo simple: coordinar con las áreas responsables, respetar los procedimientos del cliente y planificar la captura para no interferir con la producción. Un levantamiento que obliga a parar la operación no es un buen levantamiento, aunque el dato salga perfecto.
De datos a información, que no es lo mismo
Un vuelo entrega datos. Lo que la operación necesita es información: una superficie comparable con la del mes pasado, una cartografía que el área de planeamiento pueda usar sin reconstruirla, un modelo que muestre dónde la vía perdió pendiente. Esa traducción es la parte del trabajo que no se ve en el campo y que define si el entregable se usa o se archiva. Después de más de 26 años levantando información para grandes proyectos, es la etapa donde hemos aprendido que se gana o se pierde el valor del servicio.
Si en tu operación hay una pregunta pendiente sobre pozas, vías, depósitos o infraestructura, y no está claro con qué información se responde, conviene revisarla antes de definir un alcance. Nos ha pasado varias veces que la solución no era volar toda la unidad, sino acotar bien el área y el producto. Escríbenos y lo conversamos con nuestro equipo técnico.
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