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Pachachaca: crónica de un vuelo LiDAR en la sierra central
Salimos de Lima de madrugada para levantar dos polígonos en Pachachaca con dron LiDAR. Así montamos la base GNSS, el enlace RTK y el vuelo a 200 m AGL.
Salimos de Lima a las tres de la mañana. A esa hora la Carretera Central todavía les pertenece a los camiones, y uno avanza entre la neblina de la costa hasta que el mapa empieza a inclinarse. Chosica, Matucana, Ticlio, y ese punto del viaje en que la conversación dentro de la camioneta baja de volumen porque a todos nos empieza a pesar un poco la cabeza. Para cuando llegamos a La Oroya ya había amanecido sobre la sierra central.
Nuestro destino era Pachachaca. El encargo: un levantamiento aerotransportado con dron y sensor LiDAR sobre los dos polígonos del proyecto. Escrito así suena sencillo. En campo, a esa altura, cada paso previo pesa el doble.
La ventana climática manda
En la costa uno planifica un vuelo pensando en la agenda del cliente. En la sierra uno planifica pensando en el viento. Las primeras horas después del amanecer suelen ser las más limpias: aire quieto, cielo despejado, sombras largas pero estables. Conforme el sol calienta el terreno el aire se mueve, se arman las térmicas y las ráfagas se vuelven irregulares. Más tarde, en esta parte del país, aparecen las nubes bajas metiéndose entre los cerros.
A eso se suma algo que conoce cualquiera que opere en altura: el aire es menos denso y los rotores tienen menos de dónde agarrarse. El consumo sube y la autonomía real de la batería se acorta frente a lo que dice la ficha técnica medida al nivel del mar. No es un problema si está previsto. Sí lo es si uno lo descubre con el dron arriba. Por eso madrugamos: el viaje entero existe para no desperdiciar las horas buenas.
El paisaje explicaba el encargo mejor que cualquier acta. Pajonal seco de ichu, lomas pardas, torres de alta tensión cruzando las laderas, un complejo industrial recortado a media distancia y cielo azul fuerte con nubes dispersas. Un entorno de alta exigencia, y uno de esos lugares donde la geografía y la ingeniería se encuentran de frente.
Amarrar el trabajo a algo que ya existe
Antes de armar nada, buscamos control. Y lo encontramos: un hito de control topográfico oficial sembrado en el terreno, con su placa grabada, el código NCC-07, la fecha AGO 2022, el sello del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y la advertencia de siempre, SE PROHIBE DESTRUIR.
Encontrar un hito así es una alegría discreta que quizá solo entienda quien hace este trabajo. Significa que la zona ya fue medida por el Estado con rigor y que podemos colgar nuestro levantamiento de esa misma referencia.
El punto de origen
La estación base la instalamos en el sector conocido como El Todo, Cruce, sobre trípode, al costado del puente y del cruce de la vía. La elección no fue casual: necesitábamos cielo despejado para la antena GNSS, línea de vista razonable hacia los polígonos y un sitio donde el equipo quedara estable y vigilado toda la jornada.
Ahí calibramos con calma el punto de origen en latitud, longitud y cota nivelada, es decir la altura real en metros sobre el nivel del mar. Es la parte menos vistosa del día y la más determinante: todo lo que el dron mida después va a colgar de ese punto. Un error acá no se ve en la nube. No la deforma, la mueve completa, y se descubre semanas más tarde en gabinete, cuando ya nadie quiere volver a subir. En fotogrametría y en LiDAR cada milímetro cuenta, y ese milímetro se gana o se pierde en el suelo, no en el aire.
Enlace base y dron activo
Con la base establecida, sacamos el dron de su maleta rígida y lo armamos en sitio. Multirrotor con carga útil LiDAR, listas de chequeo, sincronización con la estación base.
Uno del equipo se quedó monitoreando la conectividad entre base y dron durante todo el vuelo, que es una tarea que parece pasiva hasta que deja de serlo.
Doscientos metros sobre el terreno, no sobre el mar
El plan operativo se ejecutó a 200 m AGL. Above Ground Level: altura relativa respecto de la superficie, no del nivel del mar. La distinción parece menor y no lo es. En un terreno de lomas como el de Pachachaca, volar a cota constante significa pasar cerca de las cumbres y muy lejos de los fondos de quebrada, con densidades de puntos que cambian de un extremo al otro del polígono.
El sistema del dron calcula la altura de forma dinámica y sigue el relieve. Sube con la loma, baja con la quebrada, mantiene la distancia al suelo dentro de un rango estrecho. Así el sensor trabaja siempre a la misma distancia útil y la nube sale pareja, que es lo que uno necesita cuando después va a comparar sectores entre sí.
Para qué sirve desnudar un terreno
Toda esta rigurosidad tiene un destinatario concreto. El proyecto está en una etapa de reingeniería, y en las áreas asignadas la detección temprana de fallas geológicas o de deformaciones del terreno es un tema de seguridad, no de prolijidad.
El LiDAR es particularmente bueno para eso porque el pulso atraviesa la cobertura vegetal y devuelve retornos del suelo real. Al procesar la nube filtramos lo que no es terreno y obtenemos un MDT, un modelo digital de terreno, que muestra la superficie desnuda: los quiebres de pendiente, las cicatrices antiguas, los asentamientos, todo lo que el pajonal disimula cuando uno camina la zona.
Con esa base el cliente rediseña sobre información actual y no sobre planos heredados. Puede decidir dónde apoyar, dónde no, y qué sectores merecen una mirada geotécnica más fina antes de mover maquinaria. Auditoría digital y control de riesgos desde el aire, que en obra se traduce en decisiones tomadas antes de que sean caras.
Lo que trajimos de vuelta
Bajamos de Pachachaca con las baterías vacías, la maleta cerrada y varios gigabytes que todavía tenían que pasar por gabinete. La foto del día es un trípode junto a un puente y un dron zumbando sobre el ichu, pero el trabajo real es esa cadena de decisiones pequeñas: madrugar, buscar el hito, nivelar bien, verificar el enlace, seguir el terreno.
En Global Mapping llevamos más de 26 años en esto y seguimos convencidos de lo mismo: no recolectamos puntos en el espacio, entregamos la certeza técnica que permite firmar un rediseño con tranquilidad.
Si tienes un proyecto en una etapa parecida, en altura o no, escríbenos y conversamos sobre lo que necesitas levantar. Siempre sale más barato hablarlo antes del vuelo que después.
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